jueves, 16 de octubre de 2014

Los Ingredientes de la Bomba

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Tal y como algunos medios internacionales vaticinaban en los últimos días, la debacle ya está preparada y los gobiernos han empezado a implementarla. Las teorías de conspiración, tan risibles para los afectos al régimen, se desatan ahora sobre el mundo sembrando el caos y promesas de calamidades todavía peores.

El día 16, siguiendo el programa de derribo de la economía para allanar el camino al Nuevo Orden Mundial, las bolsas hacían crack de forma inesperada. Inmediatamente después, los índices bursátiles europeos iniciaban su frenético descenso hacia las profundidades infernales, invocando a sombras ya casi olvidadas. Rescates, prima de riesgo, deuda pública... Grecia está al borde del colapso, después seguirán los cerditos del sur -así nos llaman, ¿no?-.

En paralelo, los contagios de ébola se multiplican. Un segundo afectado, que entró por vía aérea, está siendo trasladado al Hospital Carlos III, además de que una de las allegadas de la enfermera infectada ya está presentando fiebre. Lo mismo ocurre en Estados Unidos, con sus propias peculiaridades.

La idea subyacente es crear una epidemia de ébola, con suerte mezclada con la gripe común, y despistar a las masas ignorantes con el terror más atávico. Simultáneamente, se procederá al acoso y derribo de lo poco que queda del estado del Bienestar, y en poco tiempo tendremos ya el sistema que estos hijos de perra llevan ideando décadas. Además de reducir la población, claro, que es la idea principal desde los años 70.

En noviembre se producirán los siguientes pasos del plan. Estad atentos y no os creáis nada. Hoy por hoy lo único cierto es que nos van a hacer la jugarreta del siglo, pero la única respuesta válida es la independencia individual.

jueves, 9 de octubre de 2014

El Ministerio de InSanidad

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Como es normal, durante estos últimos días no se habla de otra cosa que no sea el ébola. La pobre enfermera tuvo la mala suerte de caer en las redes de un gobierno insensible, hipócrita e inepto. Ahora ella paga con su salud y la de sus allegados, y aún no tengo del todo claro que vaya a salir de esta, porque el paciente de EEUU falleció a los pocos días de ser ingresado. Por otro lado, el perro de la afectada fue sacrificado sin dudar, sin siquiera someterlo a pruebas diagnósticas que sirvieran para descartar si tenía la enfermedad o no.

Este ejecutivo que nos malgobierna cerró hace pocos meses el grifo de financiación del Carlos III, hospital puntero en el tratamiento y la investigación de enfermedades de este tipo, allanando el camino para el posterior brote viral. Una desgraciada ¿coincidencia? Otros países de Europa están haciendo lo propio, trayendo de vuelta a sus ciudadanos contagiados en el extranjero, para que las posibilidades de que se produzca una epidemia estén garantizadas.

Por supuesto, en todo este asunto poco se habla del continente africano y de los centenares de personas que mueren al día. En lugar de ayudar a los países adecuadamente, proporcionándoles medios, facultativos y un constante apoyo a su desarrollo económico, se levantan vallas, abandonándolos a su suerte. Meses de epidemia y muerte no bastan para que la comunidad internacional, tan propensa a la inacción y la gilipollez intrínseca, se decida de una vez a intervenir y parar esta locura. La locura del saqueo, el expolio, del pueblo africano y de sus tierras.

Tiene que venir el problema a buscarnos a casa -o importarlo-, para que nos estalle en las narices y todo el mundo empiece a replantearse las cosas. Al final todo se reduce a un asqueroso egoísmo, una epidemia mucho peor que la del ébola y que lamentablemente no tiene cura. Y unida al egoísmo se puede encontrar la ignorancia, ya que son viejos conocidos. Si alguien conoce una vacuna para la estupidez que me avise.

Como pináculo de la ineptitud y paradigma del ridículo, sirva de ejemplo nuestro ministerio de Sanidad. Sus responsables máximos, cargos electos con conocimientos testimoniales de medicina, sentido común o protocolos de actuación ante episodios virales, dejan patente que en este país es mucho más fácil triunfar cuanto menos se sabe. España incentiva la mediocridad y el borreguismo, mientras que los licenciados y doctorados se comen los mocos fregando escaleras.

Ahí están esos responsables, culpando a la enfermera, a que no hace falta ningún máster para sacarse los trajes especiales, etc. Por supuesto, esos mismos responsables no saben cuál es el protocolo, ni cuánto tiempo lleva ponerse el traje o cómo hay que hacerlo. Hablan por hablar, culpando y condenando sobre conjeturas... Poncio Pilatos en puro estado, con ligeros toques de mercenario, asaltador de caminos y ladrón de ganado.

No, señores irresponsables y maestros del escapismo, lo único demostrado es que nos iría mucho mejor con castores sentados en los escaños, mordisqueando las barandillas de madera. Porque tener esta gente en el poder, cobrando sueldos millonarios por no hacer nada, o hacerlo mal, como que no sale a cuenta. En conclusión, lo que tenían que recortar esta ilustre mesnada de economistas afincados en el poder son las cabezas de los incompetentes, pero claro, ellos tienen la tijera bien cogida por el mango.

PD: estos personajillos del PP que con tanto ahínco pedían la dimisión de sus homólogos socialistas cuando se produjo el brote de Gripe A en el 2009, tendrían que aplicarse ahora el cuento, y sin que nadie se lo requiera de antemano.

martes, 7 de octubre de 2014

Importando el Ébola

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Ayer saltaba la noticia a los medios: una enfermera que atendió a uno de los españoles que contrajeron ébola en África muestra ya síntomas de contagio. Ya lo tenemos en casa; el pavor se extiende por tierras españolas y, quizá por extensión, por las europeas también.

Por un lado podríamos decir que no es tan problemático (aunque podría haberse evitado), ya que aquí tenemos unos medios sanitarios mucho mejores que aquellos países zarandeados por el capitalismo agresivo. Eso unido a la prevención y a la alta mortalidad del virus fuera del cuerpo humano, parece asegurar que todo está controlado, y así lo asevera la ministra Ana Mato. El horror radica en el peligro de que el ébola mute al contacto con la gripe común y su capacidad de contagio crezca exponencialmente. Dejo a juicio de cada uno fiarse de las verdades oficiales.

No obstante, a nadie que siga un poco las noticias se le escapa que había un gran interés en importar el ébola a España. Los motivos por los que dos enfermos terminales e incurables de ébola son traídos al país, gastando varios millones de euros en el proceso y poniendo en grave riesgo a todas las personas involucradas en el traslado, no atienden al sentido común. Ciertos expertos opinan que habría sido mejor proporcionarles los cuidados necesarios en el continente africano, pero claro, eso se aleja de las pretensiones iniciales (que explico un poco más abajo) y de la lógica habitual en casos infecciosos, que recomiendan la cuarentena.

Hay muchos intereses farmacéuticos detrás, frotándose las manos, esperando a que surja el primer brote de ébola para que las acciones de sus laboratorios se disparen -como ocurrió en el caso de Texas la semana pasada, con un meteórico aumento del 30% en las primeras 24 horas-. Dicen las malas lenguas que el virus fue creado en un laboratorio africano y que lo que está ocurriendo ahora tiene que ver con medicamentos que las farmacéuticas quieren empezar a comercializar o, mejor dicho, sacar de sus almacenes.

¿Os imagináis que pasaría si esos laboratorios colocasen en las farmacias una vacuna para el ébola durante este mes o el siguiente? Una avalancha de consumidores aterrorizados irían a comprarla, en un movimiento muy parecido a la estafa de la gripe A, en cuyo caso la vacuna se demostró casi más peligrosa que la propia enfermedad. Están jugando con el miedo de la gente, porque el miedo vende, el miedo es un excepcional instrumento de control.

Y así, empeñados en traer la enfermedad a Europa y en omitir una ayuda adecuada al continente africano, el mundo sigue girando. Nuestros vecinos del sur mueren a cientos ante la pasividad de la comunidad internacional; no son un mercado rentable. Pero el norte, tan rico y pagado de sí mismo, ¡ay!, los billetes se multiplicarán aquí como los panes y los peces. Con un período tan largo de incubación -de hasta 20 días-, nadie estará a salvo de la maquinaria capitalista, puesto que cualquiera puede estar infectado sin saberlo.

Hemos llegado a un punto en el que incluso la muerte o la enfermedad son un negocio. Un aspecto más de un sistema enfermo, de una actitud humana, que debería hacernos recapacitar. ¿Qué queremos lograr con esto? ¿Morir? ¿Destruirnos? ¿Desintegrarnos? Semeja factible conjeturar que las clases dominantes juegan a ser dioses, que se creen seguras en sus burbujas... pero hay cosas que no se pueden controlar. Tarde o temprano todo explota, todo salpica.

Pero dejando a un lado las preguntas y las reflexiones, poniendo los pies en la tierra y alzando la vista, vemos la realidad: interminables hileras de idiotas trajeados se frotan las manos ante la perspectiva de incrementar sus ganancias. Los gobiernos se apoltronan, sus ministros vomitan mentiras. En un mundo en el que la rentabilidad precede al bien común, lo que impera es el mal común.