viernes, 25 de julio de 2014

Los Peligros de las Bombillas de Bajo Consumo

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El progreso es un monstruo muy extraño, no exento de claroscuros que conviene analizar en aras de preservar nuestra entereza física y mental. Sin ir más lejos, esos inventos tan novedosos que reemplazan progresivamente a la tecnología obsoleta, y que en teoría nos facilitan la vida o nos hacen ahorrar mucho dinero en las facturas de nuestro hogar, esconden secretos "a plena vista" que podrían causar problemas muy graves de salud.

Con la creciente demanda energética a la que se enfrenta la humanidad, condicionada por un tren de vida que se sustenta sobre una multitud de aparatos en esencia superfluos -pero que son la base del sistema de mercado actual-, y que reflejan perfectamente un modelo de vida hueco y artificialmente atestado por carcasas de plástico programadas para romperse en menos de dos años, la necesidad de adaptar la tecnología a los nuevos tiempos es imperativa.

Así, inventos que nos han acompañado durante el último siglo, como la bombilla incandescente, la de toda la vida, han pasado ya al cajón de los recuerdos, donde su consistencia específica se pudre a la sombra del olvido. Concretamente, la bombilla tradicional era un ingenio que malgastaba mucha energía en forma de calor, no tanto de luz, y que contravenía esa necesidad de economizar recursos, motivo principal de su reciente destierro. Aunque también hay que puntualizar que fue uno de los primeros productos humanos al que se le aplicó la obsolescencia programada para incentivar las ventas...

Hoy en día podemos encontrar muchas bombillas en el mercado, y no me refiero únicamente al tamaño, la forma o la potencia. Los nuevos modelos se catalogan en tres tipos: halógenas, LED (quizá la mejor de todas) y CFL (bombillas fluorescentes compactas). Tanto gobiernos como empresas instan a la ciudadanía a sustituir sus viejas luces incandescentes por estos novísimos y eficientes artilugios, cuya ventaja principal consiste en un notable ahorro en el recibo de la luz y que, a la vez, es un intento insuficiente e hipócrita de respetar el medioambiente.

Pero hay un problema que yo, como ciudadano, desconocía hasta hace poco: las CFL tienen mercurio (cantidades pequeñas que en ningún caso exceden la normativa europea). Si bien la teoría dice que el mercurio está bien cerrado dentro del recipiente y que no entraña peligro, no hay que olvidarse del riesgo de dispersión aérea, ya que es habitual que las bombillas revienten o se rompan de vez en cuando, liberando el mercurio en forma de vapor por toda la habitación. Mientras que es poco probable que la gente se dedique en su tiempo libre a chupar y lamer bombillas, respirar es una actividad mucho más habitual y adictiva para el común de los mortales. Por desgracia, este compuesto es muy tóxico cuando se inhala, y de hecho el cuerpo no es capaz de eliminarlo de ninguna manera si se aloja en el sistema respiratorio, por lo que permanecería en el organismo toda la vida.

Entonces, ¿vienen estas bombillas con un manual de instrucciones adecuado, que permita al usuario tener a mano un protocolo de actuación en caso de rotura? No, y esto es muy llamativo... y peligroso. ¿Están intentando colarnos un producto dañino pero barato en nuestros hogares? ¿Es la salud de la población un producto de bajo coste?  La respuesta es afirmativa.

Cuando hay una fuga de mercurio dentro de una estancia, hay que proceder con sumo cuidado: para empezar, tendríamos que abrir las ventanas y desalojar inmediatamente la habitación. Luego tocaría equiparse con mascarilla respiradora y guantes, y al cabo de unos quince minutos como mínimo, entrar con trapos húmedos y proceder a limpiar los muebles y el suelo, sin olvidarnos de recoger los trozos rotos. El uso de una aspiradora o de una escoba está totalmente desaconsejado. Esos restos deberían sellarse, acto seguido, en una bolsa de plástico, que deberíamos depositar en un punto limpio (la mayoría no lo hará).

Y no nos olvidemos de los estudios que afirman que estas bombillas generan un tipo de luz denominado "luz sucia", que puede provocar fatiga, dolores musculares, cefaleas, trastornos del sueño, cáncer... La contaminación por campos electromagnéticos también es muy grave, y me atrevería a decir que mucho más peligrosa -de largo- que el calentamiento global.

A veces, con la excusa del progreso, se pasan por alto pequeños atentados al sentido común, cuyas consecuencias se difuminarán en las décadas venideras, dificultando la búsqueda de responsables concretos. Y así, dentro de unos años, cuando sea posible condenar X producto o alimento sin temor, porque las empresas ya no los comercializarán y ningún sector económico se verá perjudicado por las críticas, los medios de comunicación procederán a la quema de brujas de rigor. Y, por supuesto, nos venderán otro novedoso invento, que será mucho mejor, más bonito y más barato que los viejos, inseguros, feos e ineficientes cacharros del pasado.

miércoles, 23 de julio de 2014

El Canon AEDE y la Patética Democracia Española

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Resulta inverosímil, inaceptable, bochornoso, patético, inmoral, contrario a toda lógica democrática, pero ha ocurrido. Una vez más. El rodillo autoritario y retrógrado de ese partido de reaccionarios frustrados ha hecho de las suyas durante el período estival; solo se echan en falta esas horrendas pelucas blancas tan comunes entre la aristocracia del pasado sobre las cabezas de estos eminentes bribones.

Y es que las mayorías absolutas son la peor calamidad que un país puede sufrir en sus carnes, especialmente si se producen en temporada de crisis y si el partido que atesora esa llave de poder inconmensurable proviene intelectualmente del siglo XIX y entra ipso facto en estado orgásmico cada vez que un australopithecus social (reprimidos, fóbicos a la libertad y la libre expresión, alérgicos a la verdad...) condena el aborto, el periodismo crítico, el cuestionamiento de una autoridad injusta y criminal, los preservativos o las parejas homosexuales.

Viendo la dirección que lleva el Gobierno, digno heredero de las excelsas generaciones doradas del fascismo, hoy plenamente apoltronado en un pedestal alejado del mundo real y de la libertad, he de suponer que el año que viene pondrán en funcionamiento de nuevo la Santa Inquisición y se legalizará la pena de muerte, siendo motivo de ejecución la mera emisión de sonidos bucales, cualesquiera sean estos. El divorcio también será causa de muerte para la mujer, y el hombre podrá tocarse el santo nabo cuantas veces quiera por ser superior en todas las dimensiones de la existencia, legitimándose por tanto el maltrato, los asesinatos por honor y los duelos a muerte con longanizas en plazas públicas.

Dejando a un lado la sátira y concretando el tema, esta caterva de arlequines ha aprovechado una reunión extraordinaria del Congreso -parcial y estival, con el objeto de mitigar la difusión mediática de esta controvertida fechoría-, para aprobar una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual que ataca frontalmente la libertad digital y siembra el absurdo y el desconcierto democrático. Una reforma conocida coloquialmente como Canon AEDE o Tasa Google, que bien podría llamarse Tasa de la Estulticia y la Avaricia by PP Enterprises.

Ya durante la reunión, en la que la confusión y el desorden se palpaban a primera vista, muchos de los asistentes manifestaban su preocupación por perder trenes o aviones para los cuales tenían billete; sus refulgentes e ilustres traseros se arriesgaban a perder viajes mucho más importantes que la libertad digital, cosa que por otra parte no comprenden -quizá dada su elevada edad en muchos casos-. Después de un breve receso, incluso el presidente de la comisión dejó constancia de que faltaba gente. Lo que es lo mismo: que no les importaba mucho la chapuza que se estaba debatiendo en aquellos fueros, lo cual es comprensible en una democracia vergonzosa y patética como la nuestra. Porque nosotros lo permitimos, qué diablos, y quizá nos merecemos que nos ningunee esta jodida calaña política del subsuelo moral.

En consecuencia, el Gobierno se sirvió de su mayoría absoluta para aprobar la reforma por vía exprés, con un margen de dos votos e ignorando casi por completo la inmensa batería de enmiendas que proponían los diversos grupos en la oposición. Según creo recordar, se incluyeron únicamente 9, y eran del PP. Cuando el Senado vuelva a las andadas dentro de unos meses, ya tendrá la ley a punto para aprobarla definitivamente sin mucha dificultad.

Vale, ¿y ahora qué pasa? Pues que, en resumidas cuentas, se le quiere reconocer el derecho irrenunciable a los creadores de contenidos de cobrar un canon cuando otras páginas webs ("webs agregadoras") publiquen un enlace a su creación, lo que por muy bien que suene teóricamente es una falacia. Digámoslo de otra manera: cualquier página, incluyendo a Google Noticias, Twitter, Facebook o Menéame (agregadora nacional que ya baraja abandonar España), que actúe a modo de agregadora tendrá que pagar un canon, especialmente si esos enlaces apuntan a alguno de los medios adscritos al grupo AEDE.

Este grupo considera que esas páginas interfieren en la calidad de la información que recibe el ciudadano (al favorecer ciertas webs), que ponen en riesgo un modelo justo, que se están lucrando con la publicación de sus enlaces; simplificando: quieren su tajada. ¿No será que la pérdida de visitantes podría deberse a artículos de mala calidad, que se sirven de la mentira sensacionalista para vender? La gente está harta de ser engañada.

La premisa sobre la que se basan es chocante, ya que los enlaces facilitan la difusión de la información, la creación de información nueva a raíz de procesar otra previa, tal y como lleva ocurriendo con el saber humano desde los albores del tiempo; el conocimiento, a mi parecer, tiene que ser libre. Las agregadoras benefician irrefutablemente a los creadores de contenido, al atraer navegantes; es así y punto. ¿De qué se quejan entonces? Si acaso, los diversos medios de comunicación y cía deberían rendir cuentas dinerarias ante Google, Facebook, etc., por hacerles publicidad gratuita y facilitar el acceso a sus webs. Y Google, según he leído en otros artículos, no dudará en echar el cierre a Google News en España si hace falta, ya que no va a ceder ante tamaña locura, y le doy la razón.

Con esto, más allá de indemnizar a modelos de negocio obsoletos que están fracasando por no saber adaptarse a los nuevos tiempos, se controla también el flujo de información y la competencia. Se limita la propagación de según qué noticias o la proyección de según qué medios y se adapta la ley para contentar a un lobby de desgraciados, cuyas pretensiones parecen más bien una pataleta digna de un crío. Como si el periodismo, por ejemplo, fuese posible sin "copiar nada". ¿Acaso no se parafrasean frases enteras de políticos, textos, incluso vídeos en los medios de comunicación indiscriminadamente? ¿Cuántas veces sale en los telediarios el logo de Twitter acompañado de los mensajes de los famosetes de turno? ¿Y qué hay de los vídeos de YouTube incrustados en los periódicos digitales? ¿Acaso los artículos no son obra de periodistas de carne y hueso, zarandeados por las empresas para las que trabajan? Porque esos pobres trabajadores nada ganan con esta reforma de la propiedad intelectual, ya que es el ente empresarial el que se enriquece con este canon.

Lo más probable, paradójicamente, es que esta reforma origine una cadena de despidos importante, la salida del país de multinacionales muy potentes que crean directa e indirectamente mucho empleo, la pérdida progresiva de tráfico de estos medios tan avariciosos, la subsiguiente pérdida de ingresos proveniente de publicidad, etc. Podría darse el caso de que, dentro de un tiempo, después de la aprobación de esta ley, muchas de esas compañías lloren a los cuatro vientos el retorno al modelo previo, el retorno de los enlaces libres. No son conscientes de lo que han pedido, y ya circulan por la red complementos para los diversos navegadores web que bloquean a modo de protesta el acceso a esas páginas, con el objeto de no caer por error en sus ponzoñosas garras.

Por extensión, los blogueros como nosotros, meros peones en el gran ajedrez de Internet, tendríamos que pagar el canon si enlazamos a otras webs. Desconozco el procedimiento, pero tendríamos que hacerlo o arriesgarnos a las pertinentes sanciones económicas. ¿Y si tengo un blog en el que creo contenido original y otras páginas cuelgan enlaces que llevan a mis creaciones? No te preocupes, CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) cobrará por ti esos derechos y luego los repartirá entre los asociados. Tú te quedas fuera o, mejor aún, tú te callas...

En conclusión, asistimos a un procedimiento "debidamente público y bien llevado", a la altura de la democracia modélica de este país, de aquella Transición tan ejemplarizante. Nótese la ironía. Porque este sarao, que dará que hablar entre los que se preocupan un poco por lo que está pasando con las libertades digitales, me causa un soberano cabreo y unos deseos de salir de este país difíciles de contener. Esto es otra muesca más en una interminable sucesión de despropósitos, repudiables todo ellos. Un ultraje.

Yo no quiero un país así, un país de locos, de políticos mediocres, de modelos de negocio que luchan contra el progreso y claman por compensaciones económicas inmerecidas... Pero vivimos en la dictadura de la mediocridad, y los mediocres proveerán de barro al resto de la población. Demostremos nuestro agradecimiento con sincero regocijo.

Aunque merecemos la oportunidad de esforzarnos por hacerlo mejor, por construir una sociedad más justa y feliz, aquí se pasa la tijera y a vivir del cuento. No se respeta nada. Es lo más fácil, lo más cómodo y lo menos inteligente. Esto es España.

sábado, 19 de julio de 2014

El Reino de Cavilla III

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La reunión del Consejo Irreal prosiguió luego de unos instantes, después de que Felixto IX dejase bien claro con un sonoro eructo que había hecho ya la digestión. Las miradas de nerviosismo se multiplicaban entre los diversos ministros y asesores menores, y más de uno deseó estar muy lejos en aquel momento.

Rompiendo el ominoso silencio que salpicaba el encuentro de tan nobles excelencias, el ministro de Ciencia Infusa y Difusa (CI+D) puso sobre la mesa un proyecto sobre el que llevaba trabajando por lo menos cuatro años. Tenía que ver con el control absoluto del individuo a través de implantes tecnológicos, quizá con la supresión de su voluntad individual, pero sobre todo con una mutagión genética de tintes cabriles. Serviría para apartar momentáneamente al rey de la imperecedera sombra de la Deuda, distrayéndolo con lisonjeras promesas de infinita gloria.

- Majestad -interrumpió Don Freko Tormentas-, antes de que prosigamos con la exposición de las muchas necesidades de esta gran nación y de la calamitosa realidad económica en la que nos encontramos, quería comentaros que he inventado unos prodigiosos prototipos de chips hechos de alfalfa que podrían concedernos una innegable ventaja militar en el futuro. Bien sabe usted, mi rey, que si no declaramos la guerra a algún país vecino dentro de unos años la comunidad internacional nos tomará por tontos, nos acusará de "tenerla pequeña", y cualquier conflicto bélico sería excelente para testar en situaciones reales esto que se me ha ocurrido.

Felixto IX, que hasta entonces atesoraba en su rostro una mirada tan extraviada como el sistema educativo en aquel país, enfocó sus ojos en el escuchimizado personajillo de expresión vivaracha y sonrisa aviesa que había nombrado ministro de CI+D; en realidad lo detestaba con todo su ser, y a menudo fantaseaba con comérselo con lonchas de queso y tomates cherry. Y es que sus inventos habían demostrado ser completamente inútiles con el transcurso de los años, con la única excepción del Convocador Sibilante de Castores, que había simbolizado un punto de inflexión en la última guerra.

- Pues bien, ¡hablad! -vociferó el barbudo monarca-. ¿En qué consiste ese puñetero proyecto, vil Don Freko?

El ministro se agitó ligeramente en su asiento, cuyo respaldo le sacaba por lo menos tres cabezas. Entrecruzó los dedos maquiavélicamente justo debajo de su aguileña nariz y procedió a calmar la curiosidad de Felixto IX.

- Se trata de IA's, majestad... Inteligencias Analfabetas -repuso rápidamente ante el desconcierto del rey-. He diseñado un sistema electromagnético que se aprovecha de los índices positrónicos  y asíncronos de la alfalfa mediante el cual podría suprimir la voluntad de los ciudadanos, o bien crear ingenios mecánicos, soldados de hierro, ¡robots! Lucharían por vos sin dudar, cantando bellas estrofas de Manolo Estofar durante la liza. ¡Imaginaos qué gloriosa estampa, mi rey, si Cavilla pudiese recuperar el Peñón de Guirnalda después de tantos años de ocupación del Reino Ungido!

El ministro de Indefensa no tardó en intervenir, súbitamente excitado por el panorama bélico que aquellos infames inventos podrían brindar a la maquinaria de guerra cavillense. Desde su punto de vista, si el Peñón tenía que estar ocupado por alguien, mejor que fuese por vecinos aficionados al toreo que por mercachifles estirados del norte. Y no solo eso...

- Ay, majestad, ¡y acabaríamos de un plumazo con la amenaza de los Melenas Pudientes Antisistema Nazis y Comunistas, que tantas desgracias han traído a este gobierno apacible y respetuoso con el pueblo de Cavilla! ¡Esos malnacidos bribones de baja estofa que se creen con derecho a vivir honradamente! ¡Esos... esa... -dudó unos segundos- escoria del proletariado!

El rey Felixto IX presenció la escalada de fervor patriótico con cierta desgana. Era un monarca algo perezoso y la guerra implicaba mover el trasero muy a menudo. Y, la verdad sea dicha, prefería ir a cazar unos cuantos gansos o zorros a los Cotos Irreales. Aunque en su fuero interno anhelaba cazar ministros parlanchines y melenudos antisistema por igual.

- Muy bien -acalló a sus súbditos con un gesto de la mano-. Que conste en acta que yo, el rey Felixto IX de Cavilla, apruebo la investigación de esas IA's, don Freko; llevaos todo el dinero que podáis, si es que encontráis una mísera petreta en todo el palacio, cosa que considero improbable. Si no hubiese dinero, tendréis que escatimar en los materiales de construcción. Aunque la idea de un ejército de robots de acero pulido me inflama el corazón, me conformaré con una mesnada de espantapájaros con tal de no escucharos ni un minuto más.

Y así, dando un golpe sobre la mesa para indicar que había terminado la reunión, el rey Felixto IX se irguió cuan alto era y se marchó con paso decidido hacia los Cotos Irreales, dejando detrás de sí a un grupo de ministros que habían empezado a arrearse puñetazos sin ton ni son. Era hora de negociar el reparto entre ministerios de los presupuestos nacionales.