miércoles, 17 de diciembre de 2014

Las Alternativas Políticas y la Mano Negra

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Las teorías de la conspiración no suelen tener mucha aceptación entre el público. Parecen invenciones muy propias de las películas estadounidenses, y aunque a título personal muchos se las crean -o incluso sean parte de ellas-, abiertamente nadie lo reconoce por miedo al ridículo. Cualquiera de los asistentes a un programa de tertulia política acabaría crucificado si teorizase con estos enfoques.

Pero existen y ocurren, porque las conspiraciones son reales. Una conspiración, básicamente, consiste en una serie de planes obscurantistas llevados a cabo por un grupo de personas al amparo de las sombras, lejos de la mirada de la sociedad. Las susodichas pueden implicar el expolio ilegal de recursos -pese a la oposición encarnizada del pueblo-, la aprobación de leyes que solo benefician a unos pocos, el visto bueno a pruebas científicas que atacan frontalmente a toda ética y sentido común o incluso la manipulación de los órganos políticos de una nación.

Si nos guiamos por las películas, ahora mismo estaremos pensando en señores de aspecto sospechoso intercambiando maletines en un aparcamiento a las tantas de la noche. ¿Qué hay de los propios políticos o empresarios? ¿No es una conspiración aprobar leyes de un día para otro sin consultar a nadie, a veces durante las vacaciones, a veces cuando el pueblo no está mirando? ¿Y qué hay de la innegable influencia que los lobbies ejercen en la política nacional? ¿Para quién gobiernan nuestros representantes? ¿A quién representan realmente?

Todo esto viene a colación de mi punto de vista, que señala a los responsables gubernamentales como meros títeres que bailan al son de un flautista de desconocidas lealtades. La democracia, sirviéndose de sus precarios mecanismos de elección cada cuatro años, no puede de ningún modo combatir los trapicheos que brotan en las oscuras horas nocturnas, en despachos sombríos barnizados con sangre y odio.

Así, lo que habitualmente denominamos turnismo o bipartidismo -sistema caduco a todas luces-, atesora su principal defecto en las "viejas amistades" que unen intereses ocultos, no en la mera rotación clónica de espantapájaros. Que gobiernen unos u otros no cambia las políticas económicas -no sustancialmente-, porque sean del color que sean, obedecen a unos amos que sí tienen el control. Y esos amos pertenecen al sector económico o quieren controlarlo para lograr sus objetivos e ideales. Quizá sean grupos de millonarios ociosos, quizá banqueros sin escrúpulos, quizá cultos o sectas que pugnan por la dominación social y la implantación de un verdadero paradigma orwelliano. Quizá sean un poco de todo.

Al ganar las elecciones generales y obtener la llave de la Moncloa (o de la Casa Blanca), el partido vencedor está condenado a ponerse de rodillas y jurar lealtad a sus patrocinadores, lo que explicaría por qué durante su mandanto son incapaces de oponerse a ellos. Por supuesto, este detalle no es algo que se produzca de manera evidente; son muchos años de experiencia, a nivel mundial, como para incurrir en el error de dejarse notar. En consecuencia, y según los intereses económicos, el gobierno en el poder puede tener cierto margen para maniobrar, dando o quitando derechos sociales, aprobando cuestiones menores, etc., pero siempre de acuerdo al gran plan (que puede torcerse o no). Me atrevería a decir que una inmensa porción de los contendientes son elegidos previamente por esos grupos de los que hablo, esperando X resultados.

En conclusión, aquí radica el cáncer de esta sociedad gestionada por medios políticos y que no tiene fácil arreglo. Los que hoy son libertadores mañana pueden recibir jugosos estipendios por ser un poco menos libertadores... Pero quizá hay que correr el riesgo, reconocer que si lo que tenemos ahora no funciona, un cambio es imprescindible. Que ese cambio sea bueno o malo, el tiempo lo dirá; no podemos vivir con miedo ni aferrarnos a un modelo obsoleto. El motor de la historia son los errores, de los cuales aprendemos -o deberíamos-; la inacción y el servilismo son demonios mucho más temibles.

lunes, 15 de diciembre de 2014

La Bajeza Intrínseca

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A través del lienzo histórico se garabatea un afán de progreso social, de mejorar las condiciones, la economía, los derechos sociales. Escudándose en nobles empeños, algunos grupos se aferran al poder y echan raíces; detrás de sus discursos populistas se esconden objetivos mucho más mundanos y lucrativos. Si el poder no conllevase de forma inherente un enriquecimiento personal, la clase política estaría en vías de extinción y catalogada como especie protegida.

Con el transcurso de las eras, surgen nuevos grupos con intenciones en apariencia diferentes, cuyo trasfondo es no obstante hermano de sangre de los anteriores. Se produce un período de gestación y posterior confrontación; una gana, otro pierde y se transforma. El vencedor cambia las palabras, la música y las estrofas; el vencedor mantiene el rumbo previamente fijado, disfrazado, camuflado. El perdedor aguarda su momento para transmutarse y volver a la carga; a veces se escinde o tiene hijos; en ocasiones, vencedor y perdedor son lo mismo.

Llega entonces la democracia, una inmensa palestra en la que los contendientes se baten en justa lid por el Cetro de Control de una nación. Teóricamente todos juegan con las mismas leyes, las mismas opciones. La gente observa desde la grada y sopesa si prefiere los enfoques agresivos o los enfoques conservadores, puesto que suya es la legitimidad para decantarse por uno u otro; al final del día, el enfoque conservador prevalece nueve de cada diez veces. Cuando gana un enfoque agresivo, no tarda en convertirse en conservador. La edad convierte al mozo bravo en viejo tranquilo. Hay que atender el fuego de casa; que otros derramen sangre si quieren.

De forma esporádica, se personan en el proceso grupos que persiguen una renovación estructural del sistema, un cambio en los usos y costumbres heredados de Babilonia. Sus objetivos pueden ser nobles o pueden ser lobos disfrazados; nunca se sabe hasta que salen victoriosos de la lucha y se confían; entonces o bien son lo que aparentaban o bien muerden a la mano que les da de comer...

Los enfoques conservadores arremeten y los tildan de "populistas", buscan el asedio a través de la palabra, desprestigiando, difamando, mintiendo. La política es, sin duda, un vergel de hipocresía y aviesas intenciones; sobre todo miedo. Aquellos que controlan a los voceros, a los medios de comunicación, maquillan el mensaje y reescriben la rima. De un error, consiguen sacar un crimen; de una indecisión, una negativa a responder. Sintiéndose amenazados, en la cuerda floja, viendo que otra manada se aproxima a su territorio para arrebatarles lo que creían suyo, acusan y amenazan. El discurso del miedo y la ignorancia tiene peso; y aplasta.

Así, el joven contendiente, quizá noble, quizá lobo disfrazado, no es visto como una fuerza renovadora, una oportunidad de redención o de un nuevo comienzo, sino como un asesino, un terrorista, un infractor. Todos los males que antaño vomitó la caja de Pandora corren por las venas de los pretendientes durante el conflicto; a veces, se les atribuyen faltas que el dedo acusador cometió sin denuedo; señalar no es de buena educación.

Los máximos exponentes de los grupos aferrados al poder aprovechan cada ocasión para infundir miedo en las masas, aunque ello implique bajezas, rastrerías y mentiras plenas. Algunos espectadores del teatro se llevan las manos a la cabeza al escuchar tales improperios, tales dislates, dignos del bufón más vivaracho de la corte. Mas otros muchos asienten y aplauden, no por convicción, sino porque temen que su plato se quede vacío con la rotación de poder. Por eso lo conservador prevalece, porque se asocia a la continuidad, a la estabilidad; si antes funcionaba, ¿por qué no ahora?

En conclusión, el que no analiza el discurso ni atiende a los motivos ulteriores, queda ineludiblemente atrapado en la maraña del matorral de la bajeza que lo envuelve todo. Un matorral en el que las ramas vibran con escepticismo ante los cambios, porque en política prevalece el dicho de que "más vale malo conocido, que bueno por conocer". Otros lo llamarían cobardía interesada. No se equivocarían.

jueves, 11 de diciembre de 2014

El Enfoque de los Ciegos

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Lo han conseguido: el brazo censor y arancelista del gobierno que asola esta nación ha forzado la salida de Google News de España. La gigantesca corporación, a veces adalid de los derechos democráticos y a veces paradigma de un sistema orwelliano, ha decidido echar el cierre a su sección de noticias el día 16 de diciembre de 2014, posiblemente como medida de presión a la nueva Ley de Propiedad Intelectual que verá la luz el año que viene, y que debemos en exclusiva a las legiones más rancias, conservadoras y obsoletas que ha parido esta península.

Con la nueva ley, Google tendría que pagar una tasa por cada noticia agregada en su apartado de noticias, independientemente de que el medio enlazado quiera o no cobrar la susodicha compensación. Una entidad desconocida (presumiblemente CEDRO) será la encargada de gestionar esos cobros en nombre de todos los medios, para repartirlos posteriormente entre sus acólitos. Un enfoque muy, por así decir, decimonónico.

Los países de nuestro entorno más inmediato han tratado de aplicar leyes similares en el pasado, cediendo ante las demandas de los diversos medios de comunicación nacionales (como el grupo AEDE en España). Sonoro y conocido es el caso de Alemania, por ejemplo, en el que Google decidió en consecuencia dejar de agregar a esos medios para no pagarles y en el que solo transcurrieron veinte días antes de que las grupos periodísticos pidiesen ser agregados de nuevo y sin exigir pagos de por medio. Una bajada de pantalones en toda regla.

Pero España es especial, porque incluso manejando información de tal calibre nuestro gobierno incurre otra vez en el mismo problema, en el mismo error. El resultado tiene pinta de ser previsible, puesto que las publicaciones digitales que antes se enseñoreaban en Google News perderán ipso facto una cantidad de tráfico bestial. ¿No lo han previsto? No hay que olvidar que Google no gana dinero con esta sección, ya que no contiene publicidad, así que tampoco sería sostenible pagarles a los medios de comunicación por "hacerles un favor".

En conclusión, asistimos al quincuagésimo ejemplo de ceguera estructural y fanatismo arcaico. Las políticas empresariales del siglo XVIII no siguen vigentes; el sistema ha cambiado, la tecnología ha cambiado; el mundo y las personas han cambiado. Llorarle al gobierno para que legisle en favor de un negocio moribundo es lamentable. Con un aluvión de dispositivos conectados a la red permanentemente y una educación tecnológica cada vez más elevada, se espera de los gobiernos y de las empresas una adaptación pareja a la realidad mundial.

Se trata de buscar nuevos modelos de negocio, de redefinir ciertos sectores que todavía hoy viven de rentas y achacan su zozobra a piratas y hackers. En el caso de la música y el cine puedo entender que se relacione el descenso de ventas con el auge de las descargas ilegales -aunque es muy discutible, como ya se ha demostrado cien mil veces-, pero en los agregadores de noticias no veo ninguna infracción de copyright -si acaso difusión, lo que beneficia a todos-.

La red es sinónimo de libertad, de tráfico continuo de información -grano o paja-, y ponerle vallas al campo solo tiene sentido si quieres criar ganado. De lo contrario, las medidas constrictoras vienen a simbolizar el reconocimiento de la incapacidad de aceptar el futuro y el nuevo modelo. Y cuando esto ocurre, cuando no se puede aceptar el futuro, ¿ha de morirse uno de tristeza, por ser un desubicado, un paria, un anacrónico, un muro semiderruido a la vera del camino...?