martes, 30 de septiembre de 2014

La Agonía de los Ecosistemas

1 comentarios
Aunque la realidad económica es la que más nos afecta en apariencia, al privarnos de un trabajo "digno" y, por extensión, de una vida "digna", hay cuestiones mucho más importantes que nuestros gobiernos -y la sociedad- omiten con un desprecio intolerable. La política de omitir la responsabilidad impera y los crímenes contra el planeta y contra la humanidad se multiplican como abejas en una colmena.

Dentro de la civilización que hemos construido entre todos, las personas solo tienen una función y un objetivo: comportarse como esclavos que trabajan hasta morir y que consumen hasta explotar. La educación o las diversas actividades lúdicas que se intercalan entre el trabajo y el consumo son meras concesiones por parte de los Dominadores. Con la educación nos instruyen para obedecer y para realizar nuestras tareas fabriles con diligencia; con las actividades lúdicas liberan parcialmente nuestro estrés y diluyen la visión cruel del mundo tal y como es, además de incentivar el consumo y de socializarnos en base a unas reglas no escritas que priorizan la estética y el materialismo. El círculo cerrado.

Por desgracia, este paradigma de esclavitud consumista se basa en el principio de que los recursos son infinitos y de que tenemos que disponer de ellos según nos plazca, recurriendo al expolio hasta no dejar ni una pizca. Posiblemente los timoneles de este barco piensan que los recursos nunca se acabarán, o que si se acaban ya se encontrarán otras fuentes de energía, gracias a los adelantos tecnológicos. Tampoco quiero descartar de plano la idea de que no les importa, porque preocuparse por el medioambiente no es "lucrativo". Si el futuro se torna ominoso e irrespirable, serán nuestros nietos los que tendrán que arreglar el desaguisado.

No obstante, los avances tecnológicos y el progreso inherente a ellos se fundamentan en una falacia. Con una mayor cantidad de máquinas, mejores y más eficientes, los beneficios de las empresas se disparan ("skyrocket all the way"), sí, pero se destruyen empleos y se incrementa la tasa de extracción de recursos y la generación de basura, empobreciendo al conjunto. Hay que tener muy presente que los residuos generados por las actividades industriales de la humanidad dejan secuelas en el planeta a nivel global, que a veces duran siglos, y posteriormente los productos que se colocan en el mercado se encargarán de mantener esa tendencia al alza, minando los entornos naturales y la salud humana.

Ya sea por culpa del infame CO2 o por los vertidos tóxicos en masas de agua, como por la deforestación y la minería agresiva, la Tierra se parece cada día más a un huevo hueco devorado desde dentro. En su interior bullen millones de virus que se multiplican sin pensar en el mañana, robando, matando, saqueando, vampirizando; el anfitrión flaquea y termina muriendo en una zanja situada a la vera del camino.

¿Qué se está haciendo para evitarlo? En lugar de elaborar y presentar programas electorales que prometen atajar esta realidad enajenada, los Dominadores de impoluto traje nos camelan con progreso, crecimiento, gasto, consumo... Nada de eso semeja importante cuando ponemos sobre la mesa la extinción del 40% de las especie en las últimas décadas, la destrucción de los ecosistemas y, por qué no decirlo, la decadencia implícita a una sociedad autocomplaciente y ombliguista.

Los tiempos cambian, siempre lo hacen, y las flores de este planeta se marchitan. Vidas excepcionales, hermosas y únicas, desaparecen para siempre. Para siempre. Parajes llenos de seres dignos, inocentes, son masacrados con máquinas trilladoras de metálica esencia, en la carnicería más detestable de todas. Se comercia con la carne y con la sangre, se enfanga la admirable belleza de la deriva cósmica, de la evolución, cuya soberanía no nos pertenece.

Los gritos de agonía me destrozan los tímpanos. Más allá de la ventana, más allá de las lenguas de asfalto que todo lo recubren, regurgitando babas de corrupción ponzoñosa y de suciedad infecta, se quiebra la esperanza. Se tronzan sus vértebras, se funde su silueta con la arena tostada. Polvo yermo y olvido.

Nuestra detestable rubrica de ceniza ruge henchida de regocijo; nuestra autoría pastosa, vergonzosa, emborrona el lienzo en un acto que solo podría calificarse de vandalismo irreflexivo. He aquí nuestro don, ¡la destrucción y la celebración de la misma! Pero en realidad no hay motivo de orgullo en un acto tan vil. Solo culpa.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Regeneración Democrática

2 comentarios
Pocos meses después del desplante que los partidos tradicionales sufrieron en las elecciones europeas, a manos de un grupo novato y según algunos aparentemente populista, las cosas han cambiado y mucho. El programa de Podemos, con sus ideas a veces extremas (y posiblemente necesarias), ha obligado a otros políticos a abrazar discursos mucho más "actuales" y agradecidos por el pueblo.

Sorprende ver hoy, en cualquier programa de tertulias matutinas, a miembros del PP o del PSOE hablando de regeneración democrática, de acabar con las "puertas giratorias" (referido a la milagrosa ósmosis que sufren exmiembros del gobierno hacia el sector privado) o, en resumen, repitiendo las ideas de Podemos con su pertinente maquillaje propio. Mención especial a los cameos televisivos de personajes de primer nivel y a otras actividades en los medios de comunicación, como el sempiterno Twitter y sus puñeteros mensajes breves, que ya son de facto fuente de información incluso para los telediarios.

Atrás quedaron paradigmas añejos e ideas desagradables, leyes que proponían jornadas de 20 horas diarias o que obligaban a la mujer a ir acompañada de su marido para retirar dinero del banco. Con la supuesta recuperación económica, que los diversos indicadores macroeconómicos desmienten en gran medida, el gobierno y sus acólitos se pueden permitir legislaciones más laxas; mejor dicho, necesitan mesmerizar a las masas descontentas antes de que el cabreo sea incontrolable y se los lleven por delante de puro hartazgo. Los recortes y la austeridad, esa gran enemiga del estado de bienestar, se transmutan en pequeñas reducciones de impuestos (anecdóticas y poco realistas) y un afán renovador que se propaga con tal vigor que podría desembocar en un Rajoy con cresta punk en pocas semanas.

Todos los responsables políticos hablan de regenerar la democracia, de acercarse al pueblo, a pie de calle, de escuchar al apestoso vulgo... Los más osados, como la presidenta andaluza, tienen el atrevimiento de proponer una revisión de la Constitución para evitar soflamas independentistas -específicamente las catalanas-. Redactar una nueva Carta Magna que solvente los puntos de fricción del presente, cosa sin duda imprescindible, pero que hoy reclaman esos que antes callaban. Por miedo, por interés y, sobre todo, porque quieren mantener la sartén por el mango, sea cual sea el destino de este tren descarrilado.

Lamentablemente, la escena no deja de parecerme una gran función de teatro, y por desgracia con actores bastante malos (subpar dicen los ingleses). Veo bufones nefastos, algunos conscientes de que sus posibilidades son limitadas y se conforman con hacer el idiota esporádicamente, otros no, y una miríada insoportable de mentiras y medias verdades. Cada noticia está cuidadosamente elaborada, de tal forma que cualquier atisbo de realidad se pierde entre el barro, quedando solo lo que los mandatarios en la sombra desean. Una censura concretizada mediante un exceso de "mala" información, cortinas de humo, cabezas de turco, etc.

A la mezcla se le añade un grupo de terroristas, del tipo ISIS, que a buen seguro están financiados y adiestrados por países occidentales, y ya tenemos excusas a tutiplén para lo que convenga. Si se necesita un pretexto para matar y saquear recursos, los EEUU y sus vasallos tienen ahí un buen motivo, y si se necesita un terror que inmovilice a las masas nacionales para que acepten gobiernos inflexibles y en nupcias con la causa capitalista, pues también.

Nada mejor que una buena interpretación, una buena mascarada, para que todo salga a pedir de boca. Las mentiras, los significados, los motivos... no importan; eso queda para los libros de historia. Lo único que tiene preferencia es el poder, conservarlo a toda costa. Y eso, me temo, no cambiará en el futuro, gane quien gane las elecciones del año que viene; todo cambia para seguir igual, los nombres y títulos se transformarán, pero los recipientes del poder permanecerán, puesto que han sido investidos por Don Dinero y ese señor no tiene patria ni credo.

En un mundo como el actual, ni las propuestas más alocadas sobrevivirán sin el apoyo de las órbitas dominantes, en la actualidad afincadas en los feudos capitalistas. Y para obtener ese apoyo, guste o no, hace falta mucha vaselina.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Cornadas al Sentido Común

2 comentarios
Estos días los telediarios y los diversos programas de desinformación han encontrado en el conflicto proanimal/asesinos un buen filón de noticias, ya que la "juventud descarriada y cuya vida no tiene sentido" se propuso boicotear un evento cultural tan noble como el Toro de la Vega. Un evento que por mucho que los paisanos de la zona defiendan a capa y espada es una celebración cavernícola, salvaje y puramente bárbara. Punto.

Los que me seguís desde hace un tiempo ya sabéis cuál es mi opinión sobre la tauromaquia y todo lo relativo a maltratar y asesinar animales no humanos. Es muy fácil esgrimir argumentos de pacotilla, decir que es "cultura", que es "tradición", y olvidarse de la parte sangrienta y abiertamente ilegal e inmoral que caracteriza estas carnicerías. Porque, amigos lectores, la legislación española contempla sanciones contra el maltrato animal, pero luego se admite como fiesta nacional. Un sinsentido, uno de tantos, de este país prehistórico, rancio, zafio.

Y dejando eso a un lado, mucho más me apena escuchar las declaraciones de los lugareños, diciendo con la boca llena que los jóvenes que fueron allí a protestar eran antisistema, parados, quinquis que no tenían nada en la vida y que eran víctimas de la instrumentalización de ciertos partidos políticos de izquierda. Literal. Alguno incluso decía que si esto seguía así, terminaría por producirse un "susto nacional". ¿Un alzamiento? Me lo creo, porque España es así.

Evidentemente, hay tradiciones que diferencian a los distintos pueblos del mundo, en algunos casos motivo de orgullo incluso (un corte de pelo, una prenda concreta), pero los tiempos cambian y aquellas que son sanguinarias deben abrazar el olvido. En la Edad Media los labriegos morían a manos de sus señores, que eran seres de sangre noble y tenían potestad para disponer de sus sirvientes en todo el sentido de la palabra. La Inquisición reflotó el negocio de las barbacoas cuando nadie contaba con ello, y muchas personas inocentes murieron en sus hogueras de piedad fanática. Los gladiadores luchaban hasta morir en los circos romanos. Hoy en día, nadie aceptaría el regreso a esas prácticas, ¿no?

Recapacitemos. ¿Es la sangre, la muerte, el dolor, un ingrediente imprescindible para que el pueblo sea feliz? ¿Es admisible la muerte de los inocentes en aras de sacar adelante una fiesta local o nacional? Si aplicamos el sentido común, la conclusión es que no, pero la realidad nos demuestra insolente lo contrario. Nadie merece morir para divertimento de otros, y menos de una masa energúmena, lisiada intelectualmente.

Una pena, una pena, ver que las cosas están así, que hay discrepancia en lo que debería ser evidente. Con este percal preveo muchos conflictos futuros, guerras, cazas de brujas, exterminios raciales, asesinatos, injusticias... y millones de animales descuartizados sin reparo, los grandes olvidados. Repetiremos uno por uno todos los errores del pasado, añadiéndoles condimentos nuevos, locuras más recientes.

Y así, mientras los gerifaltes de la estulticia legislan para su beneficio y los de su calaña, los cuernos de un vulgo embrutecido y sumido en fiestas de sangre acuchillarán todo atisbo de raciocinio. Nada quedará allí, en las tostadas tierras de la península Ibérica; solo esqueletos del futuro sufriendo calamidades del pasado. La no-evolución de la no-razón; la confirmación de que la esperanza es igual de frecuente que los perros verdes.